viernes, 20 de febrero de 2009

Tepito o te pito...

Para lugares peculiares Latinoamérica se pinta sola. En esta ocasión, toca el turno a un extraño y sonado barrio engendrado en las entrañas más características de una metrópoli, la ciudad de México, tan o más peculiar que éste.

Algo sombrío pero atractivo se percibe desde la entrada a los túneles de estación Tepito empotrada en algún punto entre Buenavista y Ciudad Azteca, una línea que a simple vista parece tan gris y sombría como éste su color asignado por el Sistema de Transporte Colectivo Metro.  Aunque, no nos engañemos, los túneles de los metros nunca han sido lugares muy iluminados, a menos que hablemos de las siempre entretenidas estaciones al aire libre. 

Así pues, tras un poco de calor humano en los vagones se da un pequeño paso para el hombre pero un gran paso para los amantes de la sociología urbano-coloquial-cultural. Es usual que al salir de muchas estaciones del metro la marcha de los usuarios sea lenta a causa de los múltiples comerciantes de chicles, cigarros y cuanta cosa de plástico fabricada en China se les ocurra, pero normalmente estos se ubican al terminar de las escalinatas de la estación (símbolo del único ejercicio diario para muchos, un suplicio después de horas y horas de trabajo). 
Dónde si no en Tepito pueden ubicarse a menos de 10 pasos del anden, prácticamente al lado de los torniquetes de salida, artículos que se tornan necesarios cuando nuestra mirada los toca. Y de ahí para arriba, dejando un leve espacio de salida para los mortales compradores que caemos encantandos ante sus conjuros de 3x5 varos, el bullicio de las "ofertas" se torna interminable. 

Y de ahí en adelante, a poner atención a todos los gestos y señales de los amos y dueños de esta porción de la Ciudad de México envuelta en el plástico de sus toldos predominante amarillos, sus bolsas negras -para no dejar ver si compraste la última temporada de tu serie favorita, el neglillé de moda para la novia o la el disco que te faltaba para completar la colección de "Hoteles de Tlalpan" especial para los voyeuristas- y caminares de locales que gritan a cada paso yo soy El rey del barrio. 

Pacas  de hojas impresas con animes japoneses, anos al aire, películas próximas a estrenarse y hasta documentales del Discovery Channel, para quien diga que el pueblo es ignorante aquí está la prueba de que el pueblo se cultiva - a su modo claro está- si su bolsillo se lo permite, están siendo armadas con una técnica de producción en serie, casi tan depurada como la de la Ford, dentro de miles de cajas de CD seguramente manufacturadas en el país del sol naciente. 

El peatón es dueño de una calle donde, tal vez a principios del siglo XX, se podía circular libremente con un vehículo automotor. Hoy parece que estos micro empresarios y exitosos emprendedores se paran con una gallardía en el arrollo vehicular haciendo notar que han estado ahí desde siempre. Los pocos autos que se lanzan a la aventura de circular por estas calles angostadas por puestos "ambulantes" son en su mayoría taxis circulando a cinco km por hora. 

Todo garantizado, pero nada probado en el momento. "Son doscientos ochenta pesos joven..." que equivalen a 56 CD's de a cinco varos cada uno o a aproximadamente 112 horas de entretenimiento sin salir de casa, cuatro días seguidos en que el niño, la niña, la abuela, y el rey de la casa pueden sentarse cómodamente en un sillón tipo Simpson y disfrutar de lo más selecto del cine, en su mayoría, hollywoodense. 
He aquí una opción para pasar el tiempo en los tan tradiciones puentes vacacionales que no le sacará un ojo de la cara y lo cultivará y adentrará en el impactante mundo de la ficción, el mundo de los otros, de lo que usted no podrá hacer ni ser. No sólo puede ir y adquirir los bonitos círculos platinados que en un futuro no muy lejano terminarán en basureros al borde del colapso, sino puede comprar la televisión de alta definición, el atuendo dominguero, para toda la familia,  el celular para platicar con la comadre y  el cachorro de la familia que para desilusión de todos morirá en pocos días porque si se lo venden con un certificado de pedigree seguro será de los autorizados por los "servidores públicos" de la plaza de Santo Domingo. 
Un paraíso del plástico, el efectivo y el entretenimiento bien plantado en el banal y compulsivo consumismo del mexicano. 

1 comentario:

Non sono ancora abbastanza brava dijo...

hola! Gustavo Sambuccetti es un chico de 29 anos? si es el como seria posible contactarlo? mil gracias, yo me llamo Sara Paracchini y mi e-mail es saraparacchini@gmail.com
es por un cuarto que el quereria compartir, desculpa la molestia!