lunes, 16 de marzo de 2009

Chilangos & porteños

Volver, redescubrir, recordar una memoria enterrada en tierra rosada, es renacer en un lugar extrañamente conocido que ahora se adapta al nuevo ser que lo observa atento.
En un primer vistazo, parece que nada cambió en esta ciudad de los buenos aires desde hace más de 400 días en que mis ojos no la veían. Desde aquel nevado día en que mágicamente en una fecha feriada por historias independentistas, 9 de julio, la nieve se dejo ver después de casi 80 años de ausencia.

Pero cuando me doy cuenta que tengo los lentes puestos y me hago conciente del aumento y nitidez que éstos le dan a las cosas, los pequeños cambios, que al final son los que en el tiempo acumulado se convierten en los ¨grandes¨ cambios, saltan con descaro a mis pupilas.
Los letreros de las estructuradas calles porteñas, que sin falta te dicen de que número a que número va esa calle* , ya no son adornadas y auspiciados por el azul de Personal (compañía de teléfonos celulares) sino por un rojo de una compañía que a mis casi 24 horas de arribada no tengo ni una remota idea a que giro comercial se dedica. Su nombre, como a cualquiera que no ha sido tocado por la subliminalidad de la publicidad, me puede sonar tanto a comida de perro como a un suplemento alimenticio o marca de televisiones. Es como la reacción que los porteños tienen cuando les digo Miguelito se muestran confundidos, más aún si les digo que hay de agua y polvo.

Después de un par de días de ver letreros publicitarios con Claro y darme a la tarea de conseguir una red de Internet para mi humilde departamento iluminado por el sol de la tarde y dos focos de 100 watts, caí en la cuenta de que ésta compañía, que apelaba a tomar arrendada una palabra que es de uso común en los porteños, es de celulares. Claro, claro, es del mismísimo Slim. Esta filial de Telcel en Argentina cambió su nombre, hace unos meses. Cuando el cielo azul de este puerto le hacía tan bien a mi vista y mis pulmones, como hoy, se hacía llamar CTI. Las impresiones de algunos locales es que de la noche a la mañana tapizaron la ciudad, o, que CTI ya no anda más, ahora es Claro. En fin, el punto aquí es que esta empresa slimiana, no solo le cambió la imagen a la compañía de celulares, sino también a las calles de Buenos Aires.

Siguiendo con este redescubrimiento de una urbe impregnada por la fuerza de la identidad y los negocios de barrio, las similitudes con la Ciudad de los Palacios no se hicieron esperar. Para las mujeres del DF y zona metropolitana, pasar por una construcción, taller mecánico o gasolinera es consecuencia de piropos y salivosos sonidos con la boca más animales que humanos. Los porteños, de todos colores, sabores y edades, no se quedan atrás. Acá, no se necesita pasar por alguno de los lugares antes mencionados, los hombres salen a sus puertas, se sientan en los cafés, pebeterías (sandwicherías o torterías) o pizzerías (comiendo pizza con cubiertos claro está, la compostura en la mesa ante todo) con un asiento en la acera , e incluso en los subtes (metro), para decir, entre otras muchas expresiones, “bombón, que linda que sos” y seguir con la mirada a las minas (mujeres) que se cruzan por su espectro visual.

Dos aspectos más son particularidades de esta ciudad del cono sudamericano que de implementarse en el corazón de México posiblemente ayudarían en algo al tránsito. Uno, los semáforos de peatones prácticamente en cada esquina de las calles más transitadas. Y dos, el color ámbar de los semáforos no solo activado para avisar que la luz roja esta por ponerse, si no también para avisar que la luz verde y la libertad de pasar por los pasos cebra para los peatones está por terminar y ser invadida -hasta ahora y no antes, el respeto de los pasos peatonales es un rasgo casi primer mundista de Buenos Aires- por los motores de Renaults y colectivos.

Así, el paisaje de Buenos Aires se envuelve en un azul celeste, dirían los porteños, cubierto por nubes infinitas y aborregadas entrecortadas por edificios mientras en un rincón de mis recuerdos habita un Popocatépelt que a lo lejos intenta asomarse entre un gris metálico casi tan espeso como el terroso Río de la Plata.





*En esto Buenos Aires es mucho más práctica que Mexico city, en mi inconciente las comparo casi en cada aspecto. En chilangolandia resulta un tanto frustrante que para empezar las calles no tengan nombre, mucho menos número, y para terminar estos se ordenen mediante en una serie cuyo patrón numérico sería imposible de descifrar para un erudito matemático unameño: 13, 5, 887, 23, 1, 344, 346 bis, 78, 22, 66 antes 11.

viernes, 20 de febrero de 2009

Tepito o te pito...

Para lugares peculiares Latinoamérica se pinta sola. En esta ocasión, toca el turno a un extraño y sonado barrio engendrado en las entrañas más características de una metrópoli, la ciudad de México, tan o más peculiar que éste.

Algo sombrío pero atractivo se percibe desde la entrada a los túneles de estación Tepito empotrada en algún punto entre Buenavista y Ciudad Azteca, una línea que a simple vista parece tan gris y sombría como éste su color asignado por el Sistema de Transporte Colectivo Metro.  Aunque, no nos engañemos, los túneles de los metros nunca han sido lugares muy iluminados, a menos que hablemos de las siempre entretenidas estaciones al aire libre. 

Así pues, tras un poco de calor humano en los vagones se da un pequeño paso para el hombre pero un gran paso para los amantes de la sociología urbano-coloquial-cultural. Es usual que al salir de muchas estaciones del metro la marcha de los usuarios sea lenta a causa de los múltiples comerciantes de chicles, cigarros y cuanta cosa de plástico fabricada en China se les ocurra, pero normalmente estos se ubican al terminar de las escalinatas de la estación (símbolo del único ejercicio diario para muchos, un suplicio después de horas y horas de trabajo). 
Dónde si no en Tepito pueden ubicarse a menos de 10 pasos del anden, prácticamente al lado de los torniquetes de salida, artículos que se tornan necesarios cuando nuestra mirada los toca. Y de ahí para arriba, dejando un leve espacio de salida para los mortales compradores que caemos encantandos ante sus conjuros de 3x5 varos, el bullicio de las "ofertas" se torna interminable. 

Y de ahí en adelante, a poner atención a todos los gestos y señales de los amos y dueños de esta porción de la Ciudad de México envuelta en el plástico de sus toldos predominante amarillos, sus bolsas negras -para no dejar ver si compraste la última temporada de tu serie favorita, el neglillé de moda para la novia o la el disco que te faltaba para completar la colección de "Hoteles de Tlalpan" especial para los voyeuristas- y caminares de locales que gritan a cada paso yo soy El rey del barrio. 

Pacas  de hojas impresas con animes japoneses, anos al aire, películas próximas a estrenarse y hasta documentales del Discovery Channel, para quien diga que el pueblo es ignorante aquí está la prueba de que el pueblo se cultiva - a su modo claro está- si su bolsillo se lo permite, están siendo armadas con una técnica de producción en serie, casi tan depurada como la de la Ford, dentro de miles de cajas de CD seguramente manufacturadas en el país del sol naciente. 

El peatón es dueño de una calle donde, tal vez a principios del siglo XX, se podía circular libremente con un vehículo automotor. Hoy parece que estos micro empresarios y exitosos emprendedores se paran con una gallardía en el arrollo vehicular haciendo notar que han estado ahí desde siempre. Los pocos autos que se lanzan a la aventura de circular por estas calles angostadas por puestos "ambulantes" son en su mayoría taxis circulando a cinco km por hora. 

Todo garantizado, pero nada probado en el momento. "Son doscientos ochenta pesos joven..." que equivalen a 56 CD's de a cinco varos cada uno o a aproximadamente 112 horas de entretenimiento sin salir de casa, cuatro días seguidos en que el niño, la niña, la abuela, y el rey de la casa pueden sentarse cómodamente en un sillón tipo Simpson y disfrutar de lo más selecto del cine, en su mayoría, hollywoodense. 
He aquí una opción para pasar el tiempo en los tan tradiciones puentes vacacionales que no le sacará un ojo de la cara y lo cultivará y adentrará en el impactante mundo de la ficción, el mundo de los otros, de lo que usted no podrá hacer ni ser. No sólo puede ir y adquirir los bonitos círculos platinados que en un futuro no muy lejano terminarán en basureros al borde del colapso, sino puede comprar la televisión de alta definición, el atuendo dominguero, para toda la familia,  el celular para platicar con la comadre y  el cachorro de la familia que para desilusión de todos morirá en pocos días porque si se lo venden con un certificado de pedigree seguro será de los autorizados por los "servidores públicos" de la plaza de Santo Domingo. 
Un paraíso del plástico, el efectivo y el entretenimiento bien plantado en el banal y compulsivo consumismo del mexicano. 

miércoles, 14 de noviembre de 2007

La titiritera de carne y hueso: Sara Bianchi


Buenos Aires está cubierto por una aureola de cultura y belleza que pareciera haber sido dibujada con una delicadeza milimétrica por el talento de sus artistas. Músicos, cantantes, actores, pintores y todo tipo de personajes que quieran comunicarse mediante el arte llenan espacios como los teatros de Corrientes, las galerías de arte, el interminable número de museos - de gran envergadura como el Museo Nacional de las Bellas Artes, o de trato íntimo y personal como el Museo Argentino del Títere en San Telmo.

La noche de los museos es una muestra clara de que esa energía artística característica del viento porteño tiene que canalizarse en este tipo de eventos culturales masivos. En una exploración más profunda de estos centros de deleite de los sentidos llegué al Museo Argentino del Títere y me interné en un mundo que se encontraba enmarañado en las telarañas de mi infancia. Aquel día parecía que miles de niños colmaban aquel pequeño recinto, empero, la magia de aquellos cientos de muñecos se quedó grabada en mi memoria y me hizo regresar semanas después.

La noche se había convertido en día, el lleno en casi vacío, pero la magia que aquella figuras inertes seguía intacta tras vitrinas de vidrio que peleaban día noche con un ejército de partículas de polvo. Títeres africanos, chinos, japoneses, rumanos, hindúes, mexicanos, australianos -más de quinientos, todos ellos obtenidos por medio de donaciones o intercambios - colmaban las paredes de la que fuera la casa de la que de la mano de Sara Bianchi fuera una de las titiriteras leyenda de Argentina, Mane Bernardo. La curiosidad por saber más de estas dos maestras del títere y la mística que estos "actores" en miniatura envuelven me carcomió las entrañas y me llevó a estar cara a cara con Sara Bianchi.

Telas, palos, telones, ojos pintados: la vida con los títeres

Sábado, siete de la noche, San Telmo, Piedras y Estados Unidos, una puerta de con vidrio en dicha esquina, luz tenue, silencio, Sara Bianchi sentada, la calle mirándola, la noche enmarcándola y los títeres acompañándola en una soledad aparente. Observé esa foto viva por unos segundos y me interné en ella con un ligero toquido al frágil vidrio de la puerta de entrada al Museo Argentino del Títere. Bianchi levanto la cabeza como saltando del barco que surcaba los territorios de la imaginación, me miró y, con el paso lento pero firme de una dama de más de ochenta años, se postró frente a esa entrada al mundo fantástico de los títeres.
Del abstracto de mi mente ansiosa de recuerdos de niñez y chispas de imaginación, Sara se dibujó en mi mente como un títere de carne y hueso - tan pequeña y menuda como uno de ellos- fascinante y agraciada. Su cabello se asía a su cabeza cual delicado sombrero hecho de "acero y plata de luna"; su encorvado cuerpo la llenaba de aires de sabiduría y sus pizpiretos ojos dejaban entre ver un halo de felicidad consumada.
El brillo reluciente de una medalla de plata con un gato colgando del cuello de quien se introdujera al mundo del arte primero como artista plástica y después como actriz le da un aire de realidad al personaje que Sara se había tornado en mi cabeza. Es una "especialista en títeres" dice haciendo hincapié que para ser titiritero primero se necesita ser actor; "al final uno es el que da vida al títere".

Su entrada a esta disciplina teatral se dio por invitación de su amiga Mane, ella la invitó a colaborar en la elaboración de los títeres; y poco a poco, Bianchi usando sus manos para confeccionar los títeres, sino para darles un soplo de vida y una personalidad.

Sus favoritos, los de guante...

Parece que tratamos de comunicarnos con el lenguaje sordomudo, pero en realidad Sara me enseña que más de sesenta años de manipular títeres de guante -sus favoritos por la libertad de movimiento que tienen por sobre las marionetas ("los hilos son un tanto más complejos") - le han dado una flexibilidad tal a sus dedos que puede unir el anular con el índice y pasar el dedo medio por debajo del triángulo que estos forman con la naturalidad que un bebé se chupa el dedo gordo del pié.


Lucecita: un viaje al mundo de la imaginación en escena

Sara enciende un cigarrillo y le da una bocanada lenta y profunda; se muestra entera, íntegra y comprometida con la cultura. Durante años viajó por las provincias argentinas con su amiga e inseparable compañera Mane Bernardo llevando la cultura del teatro y los títeres a niños de escuelas públicas. Ha montado un sin número de obras, cada una de ellas requiere un esfuerzo diferente. El octubre pasado, se montó un espectáculo de tango y milonga para la función de títeres para adultos, ella está ahí puntualmente todos los sábados a las nueve de la noche, es un espectáculo que le gustó y gustó mucho al público pero que fue complejo de montar porque se requería una cantante, un guitarrista y una sincronía entre estos y sus extensiones de tela en escena.

En los tantos viajes, espectáculos y públicos (el público al que los títeres van enfocados en un principio es esencialmente infantil, sin embargo, los espectáculos de títeres para adultos son también una realidad, Sara es una de sus promotoras del mismo) a los que ha deleitado Bianchi, siempre la ha acompañado el que podría describirse como su alter ego titiritesco: Lucecita. Un duende, de guante, por supuesto, que ella confeccionó como su acompañante personal. Es su títere favorito y ella nunca se separa de él; dice que es un poco travieso y que se quiere adjudicar roles que no le corresponden como cuando quiso postularse en las pasadas elecciones por el partido de los Títeres al Poder. Así, Sara Biachi dice que disfruta sobre manera poder escapar a este mundo de fantasía al que Lucecita, y los cientos de títeres que ha manejado a lo largo de su vida, le permiten llegar.

lunes, 5 de noviembre de 2007

Paisanos y paisajes

Una vibración en mi bolso cortó los pensamientos en los que estaba ensimismada tratando de dilucidar el film argentino con el que me deleitaría en los próximos días. Hola, dije para calmar las ansias de mi celular que parecía tener vida propia con aquel zumbido constante y sonante, era Gustavo Sambuccetti al teléfono invitándome a la inauguración de su exposición fotográfica, con singular alegría le dije que ahí estaría a las diecinueve pese a que tengo la poco cortés costumbre de la impuntualidad.
Al día siguiente, jueves 26 de octubre, tras tomar el siempre oportuno bondi 41 y caminar a paso veloz por las fashionistas calles de Recoleta llegué a la Fundación Los Cedros (Ayacucho al 1486) a las siete menos dos minutos, si, puntualmente (en realidad impuntualmente porque llegué antes, así que eso demuestra que la puntualidad existe solo en la teoría, en la práctica, solo contados perfeccionistas llegan a ese momento preciso en el tiempo ficticio) lo cual demuestra el interés y expectativa que el trabajo de Di Pompo (seudónimo usado por Sambuccetti para esta muestra) - realizado durante dos años de travesías por África, Europa, y el Medio Oriente- me causaba.
Tras entrar en aquel recinto libanés lo primero que saltaba a la vista era la fotografía de presentación de la exposición que dejaba entre ver un destello de la joya artística que en su conjunto constituye "Paisanos y Paisajes". Sambuccetti creaba un poco de suspenso, como todo aquel que tiene sangre de artista en las venas, haciéndose presente solo mediante una foto suya que, para quien lo conoce, lo evidenciaba despertando comentarios como: "¿es él verdad?", y para quien no, lo mantenía como incógnito tras una gafas de sol con una encandilante orilla blanca; de dicha foto, emanaba una gota de la esencia de Di Pompo, su perfume brotaba imparable de las paredes que albergaban veinticinco momentos que este fotógrafo argentino detuvo en el tiempo.

Marrón, azul, arena y mosaicos de coyuntura que se potencian al infinito y se entrecruzan en ese instante reflejado en plata aglomerada.

Sombrillas ligeramente inclinadas haciendo reverencial al sol de una solitaria playa marroquí.

Un templo que se erige a contra luz cual sombra de noche sin luna en el desierto aferrándose al deslumbrante azul del cielo turco.

Oro naranja atrapado en un levantamiento de tierra que envuelve espacios que contienen una cotidianidad contenida en las casas que se postran en su terrosa falda.

Este es el grado de ensoñación que transmiten estas fotografías que denotan una realidad distante- en el universo de lo tangible- de Marruecos, Siria, Turquía, Senegal, España y Suiza, pero asible desde la mirada de Sambuccetti y su Pentax ME que arribó pasadas las ocho de la noche a la sala de exposición saludando a los presentes que anhelaban su presencia física; dio el toque final a su muestra con los títulos de las obras que, para sellar el contexto, estaban escritos en árabe.

Paisanos y Paisajes de Di Pompo estará en la Fundación Los Cedros, Ayacucho 1486, del 26 de octubre al 11 de noviembre del 2007, de lunes a viernes. La entrada es libre y la fascinación que las fotografías de Sambuccetti inyectan es un delicatessen para los sentidos.

La paradoja del periodismo digital: el blog


La Internet se ha instalado en la vida de quienes tenemos las posibilidades tecnológicas- y por ende económicas- de acceder a esta comunidad que García Santiago describe de idiosincrasia hipertextual. Para la disciplina periodística este desarrollo en la tecnología ha traídos cambios de trescientos sesenta grados; desde esta perspectiva, puede verse el alcance, injerencia e influencia que la World Wide Web tiene en el acontecer diario, de periodistas, con los diarios on-line y la información en tiempo real, y comunidad virtual en general, con la heterogeneidad y exceso en la información, y la vida paralela que los miembros de ésta comunidad pueden ejercer en este universo virtual.
La relación y responsabilidad que el periodismo guarda para con el uso de Internet como fuente de información y difusión de la misma, es compleja y refleja, someramente, los aspectos sociológicos que el consumidor y navegador de la web encara en esta interacción hombre-tecnología.
La transversalidad, como aspecto sociológico característico de la W3, plantea de inicio el principio caótico en el que la comunidad virtual – periodistas, como consumidores muy activos, y la comunidad virtual en su amplia gama de usuarios, activos y pasivos- tiende lazos (sociales e informativos) que han modificado la difusión y consulta de información.
En la sociedad del siglo XXI, la información se ha convertido en un bien que puede atesorar un niño de ocho años para sus informes escolares, como una compañía trasnacional y por supuesto Google o Microsoft.
Ese cambio de paradigma en el manejo de la información, ha generado un periodismo alternativo en los blogs y páginas personales. Es cierto, la calidad y las fuentes de información que una gran mayoría de los blogs manejan no son verificables; sin embargo, existen, y difunden información de ahí que puedan ser catalogadas como un medio de información real y tangible.
Las páginas personales hoy se han constituido como medios alternativos y eso es una de sus ventajas, que, a pesar de no tener un alcance tan masivo como si lo tienen la televisión, la radio y diarios, si se lo hacen como lugares de libre expresión. Empero, la libre expresión siempre tiene la posibilidad de caer en el libertinaje, que en el caso concreto de los blogs se manifiesta en el uso de esta información no verificada más que en su publicación – si, en teoría, el que publica determinada información debería tener la ética suficiente para hacerlo si y sólo sí la tiene puede demostrar su veracidad- en el uso indiscriminado de la misma.
Hoy, el periodismo puede ver a los blogs como un aliado o como un enemigo. Si se lo ve desde la oportunidad de un medio de libre expresión, independiente a los intereses económicos de las compañías mediáticas- locales e internacionales- pero puede ser una amenaza la credibilidad y seriedad que la profesión periodística exige en el momento en que, sin bases sólidas, se difunde información sin evidencia ni sustento.
El blog se convierte en la paradoja del periodismo digital, ya que visto desde los principios básicos del periodismo, pudiera ser un estandarte por su principio básico de libertad – de expresión, ideas, contenidos- sin embargo, la heterogeneidad, e incluso anonimato, de las fuentes que publican en los blogs contradicen otro de los principios básicos de esta profesión informativa, la credibilidad.
Queda apelar al criterio de la comunidad virtual en el uso de la información que la web provee, almacena y genera a cada segundo y en tiempo real; por algo se le llama World Wide Web.

miércoles, 17 de octubre de 2007

Un instante de felicidad en la palma de la mano

El blanco es el color de la paz, de la espiritualidad y lo es también, de aquellas particulas tan pequeñas y dipersas que al posarse en tu boca saben a hiel y al tocar lo raso del piso- revolviéndose cual yerba en el mate- forman un elixir del felicdiad instantánea, recíproca y total y absolutamente tangible: la nieve.

lunes, 15 de octubre de 2007

Desprenderse

Desprenderse de las personas, objetos, tentaciones y circunstancias adversas que perturban el alma lleva tiempo y paciencia, hay quienes pueden ver como nos hemos desprendido de algo que a lo largo de la vida ha formado parte del ser íntegro, y hay quienes en la acelearción de la banalidad lo dejan pasar desapercibido. Esta reflexión cuasi filosófica surge de algo tan auténtico como viejo, tan puro como impactante: el glaciar Perito Moreno en la patagonia Argentina. Este coloso de hielo día a día se desprende de alguna de sus treinta y un kilometros de nervaduras congeladas. Sólo si se está atento a los flujos de su helada sangre de agua dulce puede notarse como esta maravilla natural se deja ir en un cubo de hielo que podría simular una daga del tamaño de un elefante estrellándose en en un corazón de agua congelada, el Lago Argentino.